El calentamiento del Pacífico ecuatorial entró en una fase de aceleración y la proyección oficial de Estados Unidos anticipa que el fenómeno de El Niño podría alcanzar una intensidad no registrada desde 1950. Para la Argentina, sin embargo, el impacto sobre las precipitaciones no sería uniforme: las perspectivas para el último trimestre del año muestran posibles déficits localizados durante octubre y un aumento posterior de las lluvias en sectores del centro y el noreste del país.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó que durante agosto la anomalía de temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4 alcanzó los +1,8 °C, mientras que en el Pacífico ecuatorial oriental las anomalías superaron los +3 °C.
El diagnóstico de septiembre del Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA indicó que tanto el océano como la atmósfera muestran señales compatibles con un fortalecimiento del fenómeno. Según la proyección oficial, existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance la categoría de muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte de 2026-2027, períodos que coinciden con la primavera y el verano en el hemisferio sur.
Un escenario cambiante para las lluvias
Aunque El Niño suele asociarse con un aumento de las precipitaciones en distintas zonas de la Argentina, sus efectos pueden variar según la región y la época del año. Para los próximos meses, las señales climáticas no apuntan a un comportamiento uniforme.
Durante octubre, algunos sectores del país podrían registrar precipitaciones por debajo de los valores habituales. La tendencia, sin embargo, cambiaría posteriormente, con una mayor probabilidad de lluvias en áreas del centro y el noreste argentino.
El comportamiento previsto adquiere especial relevancia para la actividad agropecuaria, debido a que la distribución temporal de las precipitaciones puede ser tan determinante como el volumen acumulado. Un período seco durante octubre, seguido por una recuperación de las lluvias, podría generar condiciones diferentes entre regiones y momentos de la campaña agrícola.
El Pacífico, en el centro de la escena
La evolución de las temperaturas superficiales del océano Pacífico constituye uno de los principales indicadores utilizados para seguir la evolución de El Niño. El incremento observado durante agosto refuerza la señal de un episodio de gran intensidad.
La NOAA monitorea tanto las condiciones oceánicas como la respuesta de la atmósfera para determinar la evolución del fenómeno. La combinación de ambos componentes es clave para establecer si el calentamiento del Pacífico se consolida y qué efectos puede tener sobre los patrones climáticos a escala global.
Por ahora, la previsión oficial estadounidense plantea un escenario de El Niño excepcionalmente intenso durante la primavera y el verano australes, mientras que para la Argentina se espera un comportamiento diferenciado de las precipitaciones, con posibles déficits en octubre y una tendencia posterior hacia mayores lluvias en regiones del centro y el noreste.



