Un diseño del arquitecto graduado de la UNS Imanol Guardiola logró el primer lugar en un concurso para jóvenes profesionales, cuyo objetivo era proponer ideas para un espacio cultural en el complejo italiano Olivetti -declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- organizado por Young Architects Competitions y el Instituto Olivetti.
El jurado resaltó que el ganador es “un sistema arquitectónico contemporáneo y flexible, profundamente arraigado en su contexto. La propuesta combina con éxito patrimonio industrial, espacios públicos de calidad, claridad funcional y viabilidad técnica, demostrando cómo el diseño modular puede convertirse en una herramienta capaz de generar continuidad entre patrimonio, innovación y vida comunitaria”.
El boceto de Imanol alcanzó el primer lugar entre 50 finalistas de todo el mundo. El concurso fue promovido por el Instituto Olivetti, como parte de los homenajes para resaltar la figura del emprendedor italiano, conocido popularmente por las máquinas de escribir que llevan su nombre. El complejo Olivetti (que integra fábricas, viviendas y servicios sociales) fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 2018.
Luz natural con vidrios repartidos, acceso a la naturaleza, terrazas y colores blanco y tierra son parte de la propuesta de Imanol, que según sus palabras, “recupera aquellos principios que caracterizan la identidad del lugar, la relación entre arquitectura, industria y espacio urbano, la claridad de sus volúmenes, la expresión de la estructura y la capacidad de los edificios para conformar un conjunto coherente.
“Permite establecer un vínculo con la historia y el carácter del lugar, reinterpretando su lenguaje desde una mirada contemporánea”, resumió.
El jurado indicó que “el teatro es concebido como el centro cultural del proyecto e integrado en un sistema de pasillos, espacios abiertos y vistas. Una sala que combina una distribución clara, calidad espacial y una relación armoniosa con la luz, mientras que las vistas interiores revelan un espacio generoso a la vez que abierto, en diálogo con el paisaje y la dimensión pública del proyecto.
“A su vez, busqué integrar el entorno a través de una relación entre arquitectura y paisaje. De este modo, el espacio exterior deja de ser entendido como un límite o un vacío residual y pasa a formar parte del propio proyecto. Patios, recorridos, áreas verdes, visuales y espacios de transición se incorporan a la experiencia arquitectónica, generando una continuidad entre interior y exterior”, dijo Imanol.
“La estructura está diseñada en acero, con vigas y pilares dimensionados para acomodar las luces de los espacios, mientras que se utilizan vigas de celosía para las áreas de grandes luces, como el teatro. Además, las mamparas de las aulas se convierten en pizarras blancas móviles giratorias, capaces de integrar dos o más espacios según sea necesario”, explicaron en la publicación oficial del concurso.
Imanol además editó recientemente el libro “Dejarse ser Arquitecto”, que según cuenta “nació el primer año de universidad como una serie de anotaciones dispersas, reflexiones y, sobre todo, muchas preguntas. A lo largo de toda la carrera, esas frases sueltas de un alumno de arquitectura con gran curiosidad se fueron ordenando con un único objetivo, la búsqueda de la arquitectura”.
Tal como dice, “no busca ofrecer nuevas respuestas técnicas, sino un enfoque y una voz diferente. Así como muchos libros que abordan a la arquitectura desde el “cómo”, esta obra se atreve a sumergirse en el “por qué”. Es una exploración honesta de la búsqueda de sentido que define a la profesión, una pregunta que a menudo se pierde entre los cálculos y los plazos, pero que sigue siendo la que motiva a todo creador”.
Imanol tiene 32 años, se recibió en 2025 y es la primera vez que participa de un concurso de ideas. Actualmente vive en Bahía Blanca y se dedica a su profesión de forma particular.
El Complejo Olivetti fue construido en Ivrea, Italia, entre 1960 y 1964, y nuclea el progreso económico con el progreso social. Olivetti trascendió por la fabricación de máquinas de escribir Lettera 22, la calculadora mecánica Divisumma y el Programma 101, precursor del ordenador personal.



