Un informe elaborado por el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y el IIESS-CONICET analiza la situación laboral de los jóvenes de entre 18 y 29 años en Bahía Blanca-Cerri y revela que las dificultades para acceder al empleo persisten desde hace más de dos décadas, con marcadas diferencias según el nivel socioeconómico.
El estudio, basado en datos correspondientes al período 2003-2025, señala que en los últimos dos años no se registraron cambios significativos respecto de esta realidad estructural. Entre los principales resultados, se destaca que el 58% de los jóvenes trabaja, el 29% estudia y el 13% no trabaja ni estudia. Dentro de este último grupo, la mayoría se encuentra buscando empleo, es decir, figura como desocupada y no como inactiva.
El informe también muestra que los jóvenes bahienses presentan una mayor proporción de estudiantes que el promedio del total urbano del país (29% frente al 21%), aunque esa diferencia se compensa con una menor participación en el mercado laboral.
Más desempleo e informalidad
Entre quienes participan del mercado de trabajo, los jóvenes enfrentan mayores dificultades para acceder a empleos de calidad. Solo el 24% ocupa un puesto asalariado formal, mientras que el 20% trabaja en condiciones de informalidad. En contraste, entre las personas de 30 a 65 años los empleos formales representan el 40% y los informales el 14%.
Los investigadores sostienen que este escenario refleja que los jóvenes apuntan principalmente al empleo asalariado, pero encuentran menos oportunidades y, en muchos casos, se ven obligados a aceptar trabajos sin aportes jubilatorios.
El ingreso del hogar marca la diferencia
El informe advierte además que las oportunidades laborales varían de manera significativa según el nivel de ingresos del hogar. Entre los jóvenes de hogares de menores recursos, el 26% no trabaja y la desocupación alcanza el 21%. En cambio, entre quienes pertenecen a hogares de mayores ingresos, solo el 7% no trabaja y la desocupación desciende al 6%.
Las diferencias también se observan en la calidad del empleo. Mientras el 58% de los jóvenes del nivel de ingresos alto tiene un trabajo asalariado formal, ese porcentaje cae al 19% entre los de menores ingresos. A la inversa, la informalidad laboral es considerablemente mayor en los sectores de menores recursos.
Los autores concluyen que las brechas laborales están estrechamente vinculadas al nivel de ingresos de los hogares y que este patrón se mantiene tanto en Bahía Blanca-Cerri como en el promedio de los principales centros urbanos del país, lo que refuerza la solidez de los resultados obtenidos.



