Ian Sebalt y Juan Ignacio Rodríguez Mariani son hijos de pequeños y medianos productores de campos del sudoeste bonaerense que, en época de sequía, sufrieron los costos de perder el ganado. Sin saberlo, años después, en su carrera universitaria, junto con Lucas Bazán, encontraron una solución a la dificultad que suele darse en distintas zonas del país.
Ambos nacieron en Bahía Blanca y tienen 22 y 25 años respectivamente, mientras que Lucas nació en Buenos Aires y tiene 23 años; estudiaron juntos y decidieron trabajar en equipo para la tesis final de Ingeniería en Sistemas de la Información: idearon “Proyecto Agro”, una respuesta para resolver una crítica situación en los campos cuando no hay precipitaciones y los animales pueden sufrir falta de peso o deshidratación.
“Un agrónomo del INTA nos pidió algún tipo de respuesta al difícil control del estado de los vacunos cuando no hay pastos ni agua a causa de falta de lluvia. Especialmente porque no hay elementos técnicos para que el personal rural pueda detectar inconvenientes en los ejemplares y la interpretación errónea de la condición clínica o nutricional puede ocasionar pérdidas productivas totales o parciales.
“La problemática planteada no era lejana a nosotros; las sequías del campo afectaron a nuestras familias de Ian y Juan Ignacio. Ellos refieren como períodos muy complicados. Todo el contexto nos motivó muchísimo más a realizar algo útil para el sector”, contó Lucas.
La aplicación calcula el índice de condición corporal de una vaca con sólo tomar una foto de la misma. Estimar la grasa corporal y la musculatura ayuda a decidir si está demasiado delgada, tiene un peso ideal o tiene sobrepeso, datos fundamentales para la gestión reproductiva y nutricional.
“Este índice es muy importante para mantener al ganado en un estado óptimo, maximizando la producción y mejorando la salud general del animal, sin embargo es muy complicado determinarlo y solo lo suelen hacer los profesionales como veterinarios o ingenieros agrónomos”, indicaron los autores.
“Nuestro objetivo fue que cualquier persona con un celular pueda calcular este índice de manera rápida, simple y precisa. Incluso, se puede hacer sin conexión, lo cual es un plus en un área que suele estar alejada de las antenas. Eso conllevó un desafío extra, ya que forzaba a que el procesamiento se hiciera en un entorno limitado en potencia, como es el celular”, siguió Lucas.
El sistema permite realizar un análisis automatizado de la condición corporal del ganado a través de un modelo de clasificación de imágenes, manteniendo un historial individualizado de las evaluaciones.
“Cuando uno ingresa a la aplicación puede abrir la cámara de su celular, tomar una foto e instantáneamente se ejecuta el modelo que calcula el índice, dando una respuesta rápida, y recomendaciones sobre acciones a tomar para mejorar la condición del animal, Además, para facilitar el trabajo al usuario agregamos el reconocimiento de cada vaca. El propósito fue integrar una herramienta tecnológica al manejo rutinario del establecimiento, asistiendo al productor en el control sanitario y nutricional de su ganado”, contó.
El índice corporal analiza la información de las costillas, la cintura (vista desde arriba), la flexión abdominal (vista de perfil), la columna vertebral y caderas, el peso y guarda los datos. Además, puede visibilizarse en una página web.
“Cuando no llueve por largo tiempo, el personal depende fundamentalmente de sus saberes empíricos para mantener los índices productivos. Para el control riguroso que debe seguirse, ideamos una herramienta que usa inteligencia artificial para ayudar a productores ganaderos a tomar mejores decisiones”, relató Lucas.
“Proyecto Agro” no es solo una aplicación: es el resultado de años de esfuerzo, aprendizaje y crecimiento. “Logramos llevar una idea a una solución real”, destacó.
“Aunque los investigadores y extensionistas del INTA, junto con los médicos veterinarios locales, cumplen un rol de soporte indispensable, la asistencia presencial diaria resulta logísticamente inviable. Ian y Juan Ignacio ya la usan en sus campos”, resumió.
La tesis estuvo dirigida por los doctores Dana Urribarri y Martín Larrea, con la colaboración Gerónimo de Leo (INTA).



